Por más grande que haya sido el estrés, cuando el descanso es prolongado este desemboca en una relajación que efectivamente de estar tan relajado uno pasa a estar... aburrido. Y luego muy aburrido, y comenzar a pensar de manera más desquiciada que de costumbre todo. Todo lo que te llevó a no estar entretenido en tu gran momento de paz y diversión.
Tiré al carajo lo del ingreso a la facultad porque me di cuenta de que mirar 15 películas repartidas en defectos escandalosos como ser españolas, argentinas, pertenecer al genero policial o ser de 1950 no me parecía para nada apetecible, y más concretamente, porque es ridículo estudiar para el ingreso a una facultad a la que no queres entrar.
Anotarme fue producto de tres razones:
1) Bronca. No haber podido anotarme en la UBA después de toda la corrida para renovarme el dni, que incluyó hacer una larga fila a las ocho de la mañana bajo la lluvia y reunir en el mismo lugar a mis divorciadisimos padres me generó una oleada profunda de silenciosa furia en mi interior, que explica perfectamente porque tenía tantas ganas de levantarle el dedo a la enorme, celebre y conchuda universidad para irme sigiloso a cualquier otra.
2) El universo. ¿Haber escuchado un día antes de la inscripción de la recomendación de una extraña sobre la escuela más prestigiosa de cine fue una señal, o no? probablemente no tanto. Si me hubiese recomendado una escuela de jardinería también me hubiese quedado la idea en la cabeza. Como soy menos social que una madera, mantener una conversación con un extraño es menos habitual que un carnicero vegetariano. Creer mucho en las señales cósmicas es algo muy hippie. Y después de pasar ocho días en un pueblito rodeado por cuatro montañas donde la gente se satisface con pasarse el día entero mirando el horizonte entre un mate y una reposera, me declaro casi fascista cuando se trata de gente que se viste con ropa más colorida que sus propios hijos o sobrinos que van a preescolar.
3) De lo que ya venía hablando: el aburrimiento. Las personas tienden a valorar más su tiempo libre cuando este es un lapso encerrado entre otros de trabajo o actividad. Si no existiese el trabajo y los recursos fuesen gratuitos, la gente acabaría probablemente por suicidarse. Pocos tolerarían la falta de aspiración hacia algo... o bueno, alguien. Pero eso no existe en el mundo de los vegetales, a donde pertenezco.
Ahora me deslizo por todo eso que tanto anhelo y a la vez odio, la completa sensación de libertad. Ni siquiera sé cuando es el día para anotarme a la universidad (a la que sí voy a ir).
A la gente obsesiva como yo no deberían pasarle estas cosas. Estoy cercano a la idea de poblar mi casa de gatos, para luego atiborrar mis días intentando deducir a que signos del zodiaco pertenecen, o a empezar a mirar un montón de cursos de verano para terminar arruinando mis horas tratando de adivinar a cual quiero ir, para no terminar yendo a ninguno.
Que bueno que en verano hace calor y me quedo reposando bajo el aire acondicionado, al menos tengo una excusa para ser un cactus.
1 comentario:
Me quedo con una cosa de este post: Aguante la UBA y suerte con eso!!
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